
una cruz solitaria
diez dedos largos y flacos
la sostienen en la amarillenta
semi oscuridad
el silencio reina en ese lugar aislado
el mundo exterior no entra
no contamina ese santuario pobre y olvidado
las caras pasan rápidamente por ahí
apenas se detienen, unos segundos apenas
y siguen sus caminos inciertos
la muerte es solitaria, la vida también
lo peor es no haberlo sabido nunca.

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